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Locke, Spinoza y el papel de la mujer en sus tratados políticos.

Por: Paola Juárez

«Creo que la ley no debería excluir a las mujeres de ningún lugar. Piensen que se trata de los derechos de la mitad del género humano». CONDORCET


Debo confesar que a lo largo de estas lecturas e investigaciones que he hecho en estos meses, he llegado a darme cuenta de que el papel de la mujer dentro de todos los tiempos y contextos se había pensado, se había dilucidado y al menos en los filósofos de los que escribo aquí, se había cuestionado la participación de la mujer en el entramado político que se gestaba en el contexto histórico en el que comienza a establecerse un nuevo tipo de gobierno y organización política y social, un tiempo en el que se termina con un poder monárquico, un poder de los reyes que, según se hacía explicar, venían directamente enviados de Dios.


Existió un impulsor importante para que el poder de estos reyes de Europa más que en otras partes, terminara, su texto y comentarios filosóficos, políticos y racionales ayudaron a cambiar mentes, estructuras y organizaciones en la sociedad de aquel entonces, este filósofo es John Locke y en su texto “Carta sobre la Tolerancia” establece una idea importante: las divisiones entre la iglesia y el estado, estableciendo las diferencias entre la finalidad de los gobernantes y la finalidad de las iglesias, entonces, él cuestiona la legitimidad o el poder natural o divino de los reyes y monarcas y por lo mismo es considerado como un impulsor de “La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano” (hay que poner mucha atención en este título, ya luego veremos porqué) y además, porqué no, de “La Constitución de los Estados Unidos de América”. Locke introduce el Liberalismo Político que es la idea de que el poder del gobernante tiene que estar limitado a ciertas esferas, Locke se respalda en la teoría de los derechos individuales que existían antes del Estado y son los derechos que cada persona tiene por existir y no pueden ser removidos, la finalidad del Estado es la defensa de estos derechos y además, el propósito por el que los hombres hacen una asociación política es la de garantizar estos derechos que ya existían antes del Estado, estos derechos son el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad, esta asociación política se refiere al “Contrato Social” que los ciudadanos tenemos con el Estado en el cual, entregamos nuestra “fuerza de venganza” sobre cualquier problema que podamos llegar a tener con el prójimo. Pero hay algo aquí que la historia “oficial” no nos menciona sobre todo este asunto y es que yo no había notado el papel de la mujer en toda esta filosofía de Locke, Auffret nos dice en su texto que “Por supuesto, Locke les reconoce a las mujeres la misma facultad que a los hombres, de ser naturalmente libres e iguales. Sin embargo… Dios en el Génesis le infligió a Eva un castigo por su pecado, al ordenarle quedar sometida a su marido, de modo que en ese momento ella perdió la «libertad primera que es la propiedad», para este filósofo, «el origen y el fin de toda República». ¿Por qué las mujeres no eran propietarias ciudadanas? Porque «naturalmente», en razón de la voluntad divina que las hizo débiles, pertenecían (sus cuerpos, su fuerza de trabajo y sus «productos», es decir, los hijos) a su marido. Locke admite que la sociedad conyugal puede disolverse cuando ya se criaron los hijos (justificación del divorcio que parece muy adelantada a su tiempo), pero mientras se espera encontrar otro amo, las mujeres siguen bajo la dependencia natural del padre de sus hijos, por ser el más capaz y más fuerte”. Esta teoría política que presenta Locke y que después las mujeres que viven todo este cambio de gobierno y acomodo social que viene después de la ya mencionada Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano se dan cuenta que simplemente no las incluyen a ellas porque no son consideradas aún ni como ciudadanas, ni como votantes ni como propietarias, y todo debido a una mitología bíblica que nos muestra el arquetipo de esa primera mujer que nos echó la vida a perder y que después de ella formamos parte de algún castigo heredado y una debilidad natural legada que no tiene nada de racional y que ha sido un lastre que las mujeres han ido cargando ya por demasiado tiempo ¡vaya filósofo!.


Auffret también nos muestra “Un detalle significativo en el texto de Locke: cuando habla de los hombres, las mujeres y los hijos, siempre se refiere a hijos varones, como si el caso concreto «hija» (daughter ) no existiera o no constituyera ningún problema. La sociedad liberal —y «liberada»—, según John Locke, está constituida por maridos, esposas e hijos, y los primeros son los únicos que tienen el estatus de ciudadanos propietarios. Las mujeres nunca aparecen en calidad de tales: siempre están insertas «por naturaleza» en la trama de la relación conyugal”.


Spinoza, otro filósofo contemporáneo de John Locke, de hecho nacen en el mismo año: 1632, también tiene un Tratado Político (sin terminar) en el que tenía una mención sobre las mujeres parecida a la de John Locke, Spinoza analiza el concepto y función de la democracia y el derecho de todos los habitantes de votar, pero hace excepciones, Auffret citando a Spinoza escribe que “siempre que no obedezcan a otras leyes que las de su patria, para excluir a los extranjeros, presuntamente sometidos a una autoridad política diferente». «Agregó: y sean, además, independientes, para excluir tanto a las mujeres y a los esclavos (en poder de sus maridos y de sus amos) como a los niños y los pupilos (porque estos soportan el poder de sus padres y de sus tutores)”. Es evidente entonces que en aquel contexto de creaciones políticas nuevas y racionales (aparentemente), la mujer y su derecho político de ser consideradas dentro de una organización democrática aún estaba muy lejano, Auffret nos sigue citando a Spinoza “Sin embargo, si meditamos las lecciones de la experiencia, vemos que la condición de las mujeres deriva de su debilidad natural. En ninguna parte, los hombres y las mujeres reinan juntos. En todos los países de la Tierra en los que viven hombres y mujeres, vemos que los primeros reinan y las segundas soportan su dominación. De este modo, los dos sexos tienen paz. Por el contrario, cuando antaño reinaron las amazonas —así lo dice una leyenda—, no toleraban a ningún hombre en el territorio de su patria, educaban solo a sus hijas y mataban a los varones que habían traído al mundo. Sea como fuere, si las mujeres fueran, por la naturaleza, iguales a los hombres, si, en fuerza de carácter e inteligencia (componentes esenciales del poder, y, en consecuencia, del derecho de los seres humanos), las mujeres se distinguieran en el mismo grado que los hombres, la experiencia política lo proclamaría”. Parecieran palabras proféticas sobre la proclamación de la fuerza, carácter e inteligencia de las mujeres porque más adelante ellas se encargarán de que esas características que no se les reconocían fueran vistas a través de distintas formas, en escritos, panfletos, reuniones y protestas que ellas mismas fueron organizando para hacerse notar en un mundo liderado y gobernado por hombres.

Referencia:

Auffret, S. (2018) La gran historia del feminismo. De la antigüedad hasta nuestros días.


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